La Catedral Metropolitana de México sintetiza tres siglos de evolución estilística en la Nueva España. Su construcción inició formalmente en 1573 bajo los planos de Claudio de Arciniega, inspirados en las catedrales de Jaén y Valladolid, y concluyó en 1813 con las intervenciones neoclásicas de Manuel Tolsá en las balaustradas, el reloj y las esculturas de las virtudes teologales.
El interior alberga obras maestras como el Altar de los Reyes, ejecutado por Jerónimo de Balbás en el más puro barroco estípite o churrigueresco novohispano. A su costado oriente, el Sagrario Metropolitano, proyectado por Lorenzo Rodríguez con una fachada en cruz griega de cantera y tezontle, representa una de las cumbres del barroco dieciochesco en el continente.
Bóvedas vaídas de cantería soportadas sobre 16 columnas estriadas exentas y cimientos flotantes sobre emparrillado de cedro para contrarrestar el suelo arcilloso lacustre.